jueves, 2 de abril de 2009

Lazos de Afecto - Beto Bubas - Anticipo de su libro

Orcas Beto BubasBeto Bubas lanza su libro, sobre su experiencia y el trabajo que realizó durante 12 años con las Orcas de Peninsula Valdes, algo bastante mas importante que una elaborada tesis. Un estudio en el que su compromiso fue completa.

Orcas Beto Bubas
Roberto Bubas Orcas
Roberto Bubas Orcas
“Te dicen que para obtener buenos datos científicos tienes que ser fríamente objetivo. Registrar con precisión lo que ves y, sobre todo, evitar todo sentimiento de empatía hacia tus sujetos. Fue una suerte que yo ignorara esas teorías durante mis primeros meses en Gombe. Ya que una parte considerable de mis conocimientos sobre estos seres inteligentes fue posible porque sí sentí empatía hacia ellos”.

Dra. Jane Goodall (Estudia chimpancés en África desde hace 47 años y es considerada uno de los mayores especialistas en el estudio del comportamiento animal.)


Tratando de resolver cuestiones técnicas en los comienzos de mi investigación, me acerqué a las orcas en el agua. Para mi sorpresa, las orcas de Valdés me ofrendaron no sólo su proximidad pacífica, sino también su amistad.
Sobrepuesto de mi asombro, establecimos desde entonces un vínculo que transformó aquella búsqueda inicial en otra que ha ido más allá de los límites de una investigación formal: para mí ya no podía tratarse sólo de obtener datos y analizarlos a la luz fría del pensamiento lógico, sino más bien y ante todo, de buscar un eje de pensamiento que enhebrara mis hallazgos cotidianos en un sentido de mayor trascendencia.
Puedo decir que en todos estos años las orcas de Valdés se convirtieron en mi familia del mar, y yo probablemente para ellas en el amigo humano de la costa. Y aunque esta forma de pensar pueda ser considerada ajena a los protocolos estrictos de la ciencia, la he alimentado con la certeza interior de que pudiera resultar en una contribución mayor para el mundo algún día.
En más de una década he llenado varios cuadernos con notas sobre diversos aspectos de sus vidas. Pero más importante que eso, hemos compartido amaneceres, atardeceres y noches de luna jugando con algas o chapoteando en el agua; instantes eternos que guardo en mi memoria. Y es quizá justamente gracias a esos momentos que he encontrado algunas respuestas. Con otras me he tropezado. Juntas me han dado un vislumbre del lugar que las orcas y los hombres ocupamos en el formidable meccano de la vida.
Como el hombre, las orcas ocupan un lugar elevado en el esquema general de la vida en el planeta. A diferencia de nosotros hoy, sus comportamientos todavía giran en torno a las mismas necesidades esenciales sobre las que giraba la humanidad en el pasado. Una mejor comprensión de sus historias de vida tal vez nos aproxime a reencontrarnos con la nuestra y finalmente creamos acertado comenzar a corregir el rumbo de nuestra existencia.
Mientras tanto, una cosa sabemos: las orcas y los hombres somos compañeros de viaje en un mundo donde todo está íntimamente relacionado. Y en este sentido, tal vez el vínculo que las orcas y yo establecimos signifique algo más que un ejemplo notable de empatía entre dos especies diferentes.
Quizá se trate ante todo de un mensaje, un símbolo que de algún modo nos permita recordar que no estamos solos ni por encima de los otros seres vivos en el mundo. Que compartimos la misma casa, y que no podemos por lo tanto desentendernos de una verdad definitiva: lo que sea que les ocurra a las orcas, o a cualquier otra especie en el planeta, nos ocurrirá tarde o temprano a nosotros.